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"Aboga por la unidad plástica, por la unidad de las artes en el teatro para hacer de éste el espectáculo general de las Artes", Néstor Martín Fernández de la Torre

Observando el primer trabajo de Francisco Jareño y Alarcón podemos apreciar una cuidadosa unidad de estilo neoclásico "a la italiana", que queda plasmada en la fachada simétrica y tripartita del Teatro y en la forma de herradura de la sala principal. Sin embargo, también se observa la clara tendencia de Jareño a utilizar arcos mudéjares en lugar de los arcos de medio punto.

Dicho trabajo está sin embargo marcado por posteriores reformas y una fecha crucial, el 28 de junio de 1918, día en que el Teatro Pérez Galdós sufrió un incendio que dejó los gruesos muros de piedra y la estructura horizontal de madera del edificio totalmente calcinados. La reconstrucción del Teatro sobre los restos del edificio comenzó en 1921 y concluyó con su inauguración en el año 1928, con la representación de la ópera Aida de Verdi. Dicha reedificación supuso una considerable mejora de la infraestructura del Teatro, aumentando el aforo y las dependencias dedicadas a los artistas, mejorando la visibilidad y comodidad de los asientos, y ampliándose el escenario y anexos. Los arquitectos que estuvieron al frente de la obra fueron Fernando Navarro y Navarro, Rafael Massanet y Faus, Isidro Puig Boada y, de forma muy especial, Miguel Martín Fernández de la Torre y su hermano Néstor.

De mano de Miguel Martín saldría la propuesta del diseño de todos los elementos arquitectónicos situados en los espacios de ocio y descanso de la planta baja y la planta de acceso al palco de autoridades. La obra de carpintería se realizó en madera de caoba procedente de la Guinea española y de Cuba.

Todos los elementos decorativos de carpintería se caracterizan por los detalles de art-nouveau que se pueden apreciar en los complementos de cierre de puertas y ventanas y otros elementos decorativos. Además Miguel Martín incluyó una serie de elementos decorativos que dotan al Teatro de una especial singularidad, como por ejemplo el gran espejo enfrentado con el tramo de escalera, los paramentos que rodean esta zona y que están revestidos de arena de la playa de Tufia (Telde) y los elementos decorativos diseñados por su hermano Néstor, tales como los fruteros y pináculos torneados a juego con el barandal.

Cabe destacar que el Salón Saint-Saëns erigió como la pieza de descanso más importante del Teatro, y el friso de la boca del escenario, ambos maravillosamente decorados con pinturas de Néstor, amoldadas a la silueta de los elementos arquitectónicos, con sus personales motivos tropicales de gran colorido. Se trata de lienzos de muselina montados sobre bastidores de madera en vez de pinturas mural.

La ejecución de las obras de restauración y ampliación del coliseo corrió a cargo del arquitecto Marcos Roger Berghänel de TDA junto a Carlos Díaz, arquitecto coordinador, y Agustín Juárez como arquitecto local.

Durante las intervenciones de rehabilitación, restauración y ejecución de elementos arquitectónicos se procuró respetar rigurosamente la obra histórica y de patrimonio, consultando archivos históricos oficiales y privados, y todo tipo de documentación referente a los diseños originales.

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"Aboga por la unidad plástica, por la unidad de las artes en el teatro para hacer de éste el espectáculo general de las Artes", Néstor Martín Fernández de la Torre

Observando el primer trabajo de Francisco Jareño y Alarcón podemos apreciar una cuidadosa unidad de estilo neoclásico "a la italiana", que queda plasmada en la fachada simétrica y tripartita del Teatro y en la forma de herradura de la sala principal. Sin embargo, también se observa la clara tendencia de Jareño a utilizar arcos mudéjares en lugar de los arcos de medio punto.

Dicho trabajo está sin embargo marcado por posteriores reformas y una fecha crucial, el 28 de junio de 1918, día en que el Teatro Pérez Galdós sufrió un incendio que dejó los gruesos muros de piedra y la estructura horizontal de madera del edificio totalmente calcinados. La reconstrucción del Teatro sobre los restos del edificio comenzó en 1921 y concluyó con su inauguración en el año 1928, con la representación de la ópera Aida de Verdi. Dicha reedificación supuso una considerable mejora de la infraestructura del Teatro, aumentando el aforo y las dependencias dedicadas a los artistas, mejorando la visibilidad y comodidad de los asientos, y ampliándose el escenario y anexos. Los arquitectos que estuvieron al frente de la obra fueron Fernando Navarro y Navarro, Rafael Massanet y Faus, Isidro Puig Boada y, de forma muy especial, Miguel Martín Fernández de la Torre y su hermano Néstor.

De mano de Miguel Martín saldría la propuesta del diseño de todos los elementos arquitectónicos situados en los espacios de ocio y descanso de la planta baja y la planta de acceso al palco de autoridades. La obra de carpintería se realizó en madera de caoba procedente de la Guinea española y de Cuba.

Todos los elementos decorativos de carpintería se caracterizan por los detalles de art-nouveau que se pueden apreciar en los complementos de cierre de puertas y ventanas y otros elementos decorativos. Además Miguel Martín incluyó una serie de elementos decorativos que dotan al Teatro de una especial singularidad, como por ejemplo el gran espejo enfrentado con el tramo de escalera, los paramentos que rodean esta zona y que están revestidos de arena de la playa de Tufia (Telde) y los elementos decorativos diseñados por su hermano Néstor, tales como los fruteros y pináculos torneados a juego con el barandal.

Cabe destacar que el Salón Saint-Saëns erigió como la pieza de descanso más importante del Teatro, y el friso de la boca del escenario, ambos maravillosamente decorados con pinturas de Néstor, amoldadas a la silueta de los elementos arquitectónicos, con sus personales motivos tropicales de gran colorido. Se trata de lienzos de muselina montados sobre bastidores de madera en vez de pinturas mural.

La ejecución de las obras de restauración y ampliación del coliseo corrió a cargo del arquitecto Marcos Roger Berghänel de TDA junto a Carlos Díaz, arquitecto coordinador, y Agustín Juárez como arquitecto local.

Durante las intervenciones de rehabilitación, restauración y ejecución de elementos arquitectónicos se procuró respetar rigurosamente la obra histórica y de patrimonio, consultando archivos históricos oficiales y privados, y todo tipo de documentación referente a los diseños originales.