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Historia
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Néstor Martín Fernández de la Torre
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Las Palmas de Gran Canaria, 8.II.1887 - 6.II.1938.
Pintor Modernista-Simbolista, decorador y escenógrafo. Precursor del tipismo canario.

Nace Néstor fruto del matrimonio de don Rafael Martín Fernández con su segunda esposa, doña Josefa de la Torre y Comminges; con la que tuvo seis hijos. A pesar de esta numerosa prole, a la que había que añadir otros dos hermanos de la primera unión, Néstor sintió especial devoción por Miguel (1894-1980). Aquel que, con el tiempo, iba a sobresalir como uno de los más reputados arquitectos racionalistas españoles y con el que trabajó, mano a mano, en numeros proyectos.

Desde temprana edad, gustaba de realizar dibujos de perfecto trazo y composición. Lo que le valió participar, a la corta edad de trece años, en la colectiva auspiciada por la Sociedad de Amigos del País de Tenerife, con tres óleos: Paisaje, Marina y un Naufragio. Rondaba el año 1900 y este notable éxito se debía, en gran parte, a las nociones de dibujo adquiridas en el Colegio de San Agustín, de Las Palmas; siendo su primer profesor el pintor don Nicolás Massieu y Matos. Pero será la figura de Eliseu Meifrén i Roig quien le marque la senda de una técnica impresionista moderada. La paleta es aún reducida; como lo recalca don Pedro Almeida Cabrera en un primer catálogo sobre el autor: "...grises, azules, verdes, blanco; rara vez el rojo y colores cálidos". Un buen ejemplo de este período sería Paisaje de Tafira; al igual que los denominados Marina, Paisaje de las Canteras ó Camino Nevado (óleos, en su mayoría sobre táblex, conservados en el Museo Néstor).

Pensionado por su ciudad natal, en 1901 se instalará en Madrid con la intención de acceder a los exámenes de prueba de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Ante la dificultad del ingreso decide estudiar por su cuenta y riesgo, siendo su escuela el Museo del Prado. Allí realizará numerosas copias sobre cuadros de Velázquez, Goya ó Rubens; para pasar pronto por el magisterio del pintor Rafael Hidalgo de Caviedes. Con éste conseguirá empastes de gran corporeidad. La obra que mejor ejemplifica ese período de aprendizaje, en el que todavía pervive el latido de Meifrén, será su Calle Mayor de Madrid, de 1904 (Museo Néstor). Fecha, ésta última, que marca un hito en la vida del artista, su primer viaje a Londres. Es indudable la repercusión que tuvieron esos desplazamientos a Londres, efectuados hasta 1906 y que lo conectan con la estética prerrafaelita de Dante Gabriel Rossetti o de Beardsley; apropiándose de aquel de su estilo decadentista y refinado. De igual fortuna fue el conocimiento que adquirió de la obra del simbolista James Abbott MacNeill Whistler. Con el tiempo, a esta lista se irán incorporando autores de la talla de Gustave Klimt; del que recoge una tendencia que derivará hacia matices de inspiración evocadora, plenamente simbolistas. Sin duda alguna, el lienzo que mejor resuma tal amalgama de identidades artísticas será, Epitalamio o las Bodas del Príncipe Néstor (1909, Museo Néstor); la cual se configura como una clara imagen alegórica y en la que el propio autor se representa de manera andrógina.

Después de un largo periplo por diferentes ciudades europeas lo vemos plenamente asentado en Barcelona desde 1907 y, nuevamente, será Meifrén quien lo introduzca en los ambientes artísticos de la Ciudad Condal. Participará en la V Exposición Internacional de Bellas Artes e Industrias Artísticas y en la muestra de Autorretratos de Artistas Españoles. La actividad creadora va en aumento, sin olvidar a su tierra natal, la cual estará presente con viva intensidad. No en vano realizará para el Teatro Pérez Galdós la escenografía de la obra de Maeterlink, Interior.

En 1908 gestará su primera exposición individual en el prestigioso Círcol Eqüestre. A ella acudirá con dieciséis obras, entre lienzos y bocetos; pero serán dos las que destaquen sobremanera. La primera de ellas, La Hermana de las Rosas (Museo Néstor), bello retrato de María, hija de Santiago Rusiñol, se nos antoja como una transmutación del amor como sentimiento pasional y, es, junto a La Dama Austriaca, el mejor reflejo de la influencia de Whistler. Plenamente asentado, un año más tarde, en 1910, participará en las exposiciones Selección de Arte Catalán y en la de Retratos y Dibujos Antiguos y Modernos; para posteriormente acudir a la Universal de Bruselas. Repite los viajes por Londres, Bélgica y París, donde entrará a formar parte de una logia masónica.

Con el tiempo, Néstor se convertirá en el alma mater de un pequeño grupo de artistas imbuidos por la estética del refinamiento. De cronología efímera, los ambiguos planteamientos que pretendían huir de los presupuestos noucentistas no calaron lo suficiente como para pervivir en la maraña de los "ísmos" que se sucedían a vertiginoso ritmo. Pero si existe algún planteamiento estético plástico que ejemplifique el ideario nestoriano, éste habrá que buscarlo en las series planteadas bajo el epígrafe de Poema del Atlántico (1913-1923) y Poema de la Tierra (1927-1938). Cuyo génesis pervive en los poemas del malogrado poeta canario Tomás Morales; precursor de la poesía modernista española. La entrañable amistad de la que disfrutaron le permitió a Néstor soñar sobre la idea de crear un conjunto donde el cuatro se esgrimía como el número fetiche. El Poema del Atlántico consta de dos series, la denominada de las Horas (Amanecer, Mediodía, Tarde y Noche), junto a los de los Aspectos (Bajamar, Pleamar, Mar en Reposo y Mar en Borrasca). El Poema de la Tierra también debía incluir sistematización parecida, con las Horas y las Estaciones del Año, pero la muerte le sobrevino un seis de febrero de 1938 debilitado por una neumonía.

En 1924 expondrá en el Palacio de la Biblioteca y Museos Nacionales de Madrid, donde recibe grandes elogios por el Poema del Atlántico e, igualmente, estará presente en la XIV Exposición Internacional de Arte de Venecia; también, en ese mismo año el ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, le encargará el proyecto decorativo del Teatro Pérez Galdós. Un programa ornamental unitario que se despliega no sólo en los lienzos que cubren los paramentos, entre los que destacan el friso de Apolo y las Musas y El canto a la danza, ejemplos de un personal tratamiento de los temas mitológicos, impregnados de un exótico tropicalismo ligado a la esencia de una supuesta canariedad. Así, vidrieras, mármoles, luminarias y trabajos de ebanistería nos ofrecen un rico ejemplo del Néstor refinado y un tanto decadentista. Labores que fueron desarrolladas gracias a los magníficos artesanos y artistas que, como Sergio Calvo o Eduardo Gregorio, contribuyeron al esplendor de uno de los teatros más significativos de España y, por ende, de Europa.

En 1925, época de esplendor del Art Déco, llevará a la Exposición de Artes Decorativas de París una vidriera realizada por la prestigiosa casa de los hermanos Maumejean; volverá a participar en la colectiva del Carnegie Institut de Pittsburg. Donde al año siguiente, en 1926, regresará itinerando por Buffalo, Detroit, Los Ángeles, Toledo, Philadelphia y San Luis. Según el doctor Pedro Almeida Cabrera, es en esta época cuando finaliza la primera etapa de madurez del artista. Más tarde, en 1927, se decantará por la producción escenográfica, diseñando para los Ballets Españoles de Antonia Mercé y los vestuarios para El Fandango de Candil, bajo partitura de Gustavo Durán y El Loro, con composición de Gustavo Pittaluga. La primera de estas piezas se estrenó con éxito en Alemania, para pasar, posteriormente, a Italia y París. En 1928 las pinturas que decoran el Teatro Pérez Galdós son presentadas al público, no sin el escándalo producido por la explícita sensualidad de las figuras.

Será 1929 una fecha de gran actividad productiva para Néstor; sobre todo en el campo de la escenografía. Presentará la Triana de Albéniz; Salomé, El Aventurero, etc… Prevalece su vena teatral configurando los atrezos para el Don Giovanni bajo encargo de María Kousnezof; para Conchita Supervía los de Carmen y para Grace Moore los de Manon. Aún y todo, consigue iniciar los óleos destinados al Poema de la Tierra. En 1932 el Casino de Santa Cruz de Tenerife le encarga los grandes murales que decorarían el salón de baile. Ya de regreso en 1934 a Gran Canaria, le absorbe la idea de hacer un gran Museo. En Madrid le concederán la medalla de oro por la fabulosa representación organizada para representar a Canarias en la cabalgata del Aniversario de la República. En 1935, después de inauguradas las salas del Casino de Tenerife, regresa a París por un breve espacio de tiempo. El Teatro Pérez Galdós entra en la modernidad con la escenografía ideada por Néstor para la obra La Sirena Varada, de Alejandro Casona, cuyo estreno tuvo lugar el 4 y 12 de julio de 1936, con el siguiente reparto: Paquita Mesa, Pancho Guerra, Cástor Gómez, Néstor Álamo, Juan Hernández Cabrera, José Mateo Díaz, Isidro Bermúdez y Tomás Christiansen. El surrealismo desplegado por Néstor nos invita a creer que el artista estaba evolucionando en sus planteamientos plásticos. La escena, centrada por una puerta de medio punto, se acompaña de una gran oreja que parece suspendida, al igual que un ala y ojo que nos remite a la estética del Egipto faraónico. Pedro Almeida Cabrera apunta a que el mobiliario empleado en la ambientación era también de gran impacto visual y muy contemporáneos para una sociedad un tanto anclada en lo clásico; aunque la puesta en escena fue bien acogida por el público y la crítica. De 1936 hasta su muerte, acaecida en 1938, su preocupación se centrará en los proyectos para el Parador Nacional de Tejeda, en las cumbres de Gran Canaria y el recinto de El Pueblo Canario...

Hoy en el Museo que lleva su nombre se custodia gran parte de la producción de Néstor; desde que quedara inaugurado en 1956 bajo plano de su hermano Miguel. El complejo, conocido como Pueblo Canario, es el exponente de un ideario pergeñado desde 1934, año en que regresa a Gran Canaria proveniente de París y en el que el artista desarrolla una campaña a la que titula Tipismo y que constituyó, en palabras propias: "...un programa de revalorización, de exaltación de la región, de la canariedad". Promotor de la reactivación de las tradiciones populares, como pintor se mantiene fuera de los folclorismos, para asomarse al mundo como un prestigioso artífice de índole internacional. Del que nunca negó Salvador Dalí que fue su fuente de inspiración para su conocido lienzo Pesca de los Atunes.

DANIEL MONTESDEOCA GARCÍA-SÁENZ
DIRECTOR GERENTE MUSEO NÉSTOR

Doctorando en historia del arte por la Universidad de Salamanca. Magíster en museografía y montaje de exposiciones por la
Universidad Complutense de Madrid. Experto por la Universidad de St. Andrews. Escocia.

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Néstor Martín Fernández de la Torre
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Las Palmas de Gran Canaria, 8.II.1887 - 6.II.1938.
Pintor Modernista-Simbolista, decorador y escenógrafo. Precursor del tipismo canario.

Nace Néstor fruto del matrimonio de don Rafael Martín Fernández con su segunda esposa, doña Josefa de la Torre y Comminges; con la que tuvo seis hijos. A pesar de esta numerosa prole, a la que había que añadir otros dos hermanos de la primera unión, Néstor sintió especial devoción por Miguel (1894-1980). Aquel que, con el tiempo, iba a sobresalir como uno de los más reputados arquitectos racionalistas españoles y con el que trabajó, mano a mano, en numeros proyectos.

Desde temprana edad, gustaba de realizar dibujos de perfecto trazo y composición. Lo que le valió participar, a la corta edad de trece años, en la colectiva auspiciada por la Sociedad de Amigos del País de Tenerife, con tres óleos: Paisaje, Marina y un Naufragio. Rondaba el año 1900 y este notable éxito se debía, en gran parte, a las nociones de dibujo adquiridas en el Colegio de San Agustín, de Las Palmas; siendo su primer profesor el pintor don Nicolás Massieu y Matos. Pero será la figura de Eliseu Meifrén i Roig quien le marque la senda de una técnica impresionista moderada. La paleta es aún reducida; como lo recalca don Pedro Almeida Cabrera en un primer catálogo sobre el autor: "...grises, azules, verdes, blanco; rara vez el rojo y colores cálidos". Un buen ejemplo de este período sería Paisaje de Tafira; al igual que los denominados Marina, Paisaje de las Canteras ó Camino Nevado (óleos, en su mayoría sobre táblex, conservados en el Museo Néstor).

Pensionado por su ciudad natal, en 1901 se instalará en Madrid con la intención de acceder a los exámenes de prueba de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Ante la dificultad del ingreso decide estudiar por su cuenta y riesgo, siendo su escuela el Museo del Prado. Allí realizará numerosas copias sobre cuadros de Velázquez, Goya ó Rubens; para pasar pronto por el magisterio del pintor Rafael Hidalgo de Caviedes. Con éste conseguirá empastes de gran corporeidad. La obra que mejor ejemplifica ese período de aprendizaje, en el que todavía pervive el latido de Meifrén, será su Calle Mayor de Madrid, de 1904 (Museo Néstor). Fecha, ésta última, que marca un hito en la vida del artista, su primer viaje a Londres. Es indudable la repercusión que tuvieron esos desplazamientos a Londres, efectuados hasta 1906 y que lo conectan con la estética prerrafaelita de Dante Gabriel Rossetti o de Beardsley; apropiándose de aquel de su estilo decadentista y refinado. De igual fortuna fue el conocimiento que adquirió de la obra del simbolista James Abbott MacNeill Whistler. Con el tiempo, a esta lista se irán incorporando autores de la talla de Gustave Klimt; del que recoge una tendencia que derivará hacia matices de inspiración evocadora, plenamente simbolistas. Sin duda alguna, el lienzo que mejor resuma tal amalgama de identidades artísticas será, Epitalamio o las Bodas del Príncipe Néstor (1909, Museo Néstor); la cual se configura como una clara imagen alegórica y en la que el propio autor se representa de manera andrógina.

Después de un largo periplo por diferentes ciudades europeas lo vemos plenamente asentado en Barcelona desde 1907 y, nuevamente, será Meifrén quien lo introduzca en los ambientes artísticos de la Ciudad Condal. Participará en la V Exposición Internacional de Bellas Artes e Industrias Artísticas y en la muestra de Autorretratos de Artistas Españoles. La actividad creadora va en aumento, sin olvidar a su tierra natal, la cual estará presente con viva intensidad. No en vano realizará para el Teatro Pérez Galdós la escenografía de la obra de Maeterlink, Interior.

En 1908 gestará su primera exposición individual en el prestigioso Círcol Eqüestre. A ella acudirá con dieciséis obras, entre lienzos y bocetos; pero serán dos las que destaquen sobremanera. La primera de ellas, La Hermana de las Rosas (Museo Néstor), bello retrato de María, hija de Santiago Rusiñol, se nos antoja como una transmutación del amor como sentimiento pasional y, es, junto a La Dama Austriaca, el mejor reflejo de la influencia de Whistler. Plenamente asentado, un año más tarde, en 1910, participará en las exposiciones Selección de Arte Catalán y en la de Retratos y Dibujos Antiguos y Modernos; para posteriormente acudir a la Universal de Bruselas. Repite los viajes por Londres, Bélgica y París, donde entrará a formar parte de una logia masónica.

Con el tiempo, Néstor se convertirá en el alma mater de un pequeño grupo de artistas imbuidos por la estética del refinamiento. De cronología efímera, los ambiguos planteamientos que pretendían huir de los presupuestos noucentistas no calaron lo suficiente como para pervivir en la maraña de los "ísmos" que se sucedían a vertiginoso ritmo. Pero si existe algún planteamiento estético plástico que ejemplifique el ideario nestoriano, éste habrá que buscarlo en las series planteadas bajo el epígrafe de Poema del Atlántico (1913-1923) y Poema de la Tierra (1927-1938). Cuyo génesis pervive en los poemas del malogrado poeta canario Tomás Morales; precursor de la poesía modernista española. La entrañable amistad de la que disfrutaron le permitió a Néstor soñar sobre la idea de crear un conjunto donde el cuatro se esgrimía como el número fetiche. El Poema del Atlántico consta de dos series, la denominada de las Horas (Amanecer, Mediodía, Tarde y Noche), junto a los de los Aspectos (Bajamar, Pleamar, Mar en Reposo y Mar en Borrasca). El Poema de la Tierra también debía incluir sistematización parecida, con las Horas y las Estaciones del Año, pero la muerte le sobrevino un seis de febrero de 1938 debilitado por una neumonía.

En 1924 expondrá en el Palacio de la Biblioteca y Museos Nacionales de Madrid, donde recibe grandes elogios por el Poema del Atlántico e, igualmente, estará presente en la XIV Exposición Internacional de Arte de Venecia; también, en ese mismo año el ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, le encargará el proyecto decorativo del Teatro Pérez Galdós. Un programa ornamental unitario que se despliega no sólo en los lienzos que cubren los paramentos, entre los que destacan el friso de Apolo y las Musas y El canto a la danza, ejemplos de un personal tratamiento de los temas mitológicos, impregnados de un exótico tropicalismo ligado a la esencia de una supuesta canariedad. Así, vidrieras, mármoles, luminarias y trabajos de ebanistería nos ofrecen un rico ejemplo del Néstor refinado y un tanto decadentista. Labores que fueron desarrolladas gracias a los magníficos artesanos y artistas que, como Sergio Calvo o Eduardo Gregorio, contribuyeron al esplendor de uno de los teatros más significativos de España y, por ende, de Europa.

En 1925, época de esplendor del Art Déco, llevará a la Exposición de Artes Decorativas de París una vidriera realizada por la prestigiosa casa de los hermanos Maumejean; volverá a participar en la colectiva del Carnegie Institut de Pittsburg. Donde al año siguiente, en 1926, regresará itinerando por Buffalo, Detroit, Los Ángeles, Toledo, Philadelphia y San Luis. Según el doctor Pedro Almeida Cabrera, es en esta época cuando finaliza la primera etapa de madurez del artista. Más tarde, en 1927, se decantará por la producción escenográfica, diseñando para los Ballets Españoles de Antonia Mercé y los vestuarios para El Fandango de Candil, bajo partitura de Gustavo Durán y El Loro, con composición de Gustavo Pittaluga. La primera de estas piezas se estrenó con éxito en Alemania, para pasar, posteriormente, a Italia y París. En 1928 las pinturas que decoran el Teatro Pérez Galdós son presentadas al público, no sin el escándalo producido por la explícita sensualidad de las figuras.

Será 1929 una fecha de gran actividad productiva para Néstor; sobre todo en el campo de la escenografía. Presentará la Triana de Albéniz; Salomé, El Aventurero, etc… Prevalece su vena teatral configurando los atrezos para el Don Giovanni bajo encargo de María Kousnezof; para Conchita Supervía los de Carmen y para Grace Moore los de Manon. Aún y todo, consigue iniciar los óleos destinados al Poema de la Tierra. En 1932 el Casino de Santa Cruz de Tenerife le encarga los grandes murales que decorarían el salón de baile. Ya de regreso en 1934 a Gran Canaria, le absorbe la idea de hacer un gran Museo. En Madrid le concederán la medalla de oro por la fabulosa representación organizada para representar a Canarias en la cabalgata del Aniversario de la República. En 1935, después de inauguradas las salas del Casino de Tenerife, regresa a París por un breve espacio de tiempo. El Teatro Pérez Galdós entra en la modernidad con la escenografía ideada por Néstor para la obra La Sirena Varada, de Alejandro Casona, cuyo estreno tuvo lugar el 4 y 12 de julio de 1936, con el siguiente reparto: Paquita Mesa, Pancho Guerra, Cástor Gómez, Néstor Álamo, Juan Hernández Cabrera, José Mateo Díaz, Isidro Bermúdez y Tomás Christiansen. El surrealismo desplegado por Néstor nos invita a creer que el artista estaba evolucionando en sus planteamientos plásticos. La escena, centrada por una puerta de medio punto, se acompaña de una gran oreja que parece suspendida, al igual que un ala y ojo que nos remite a la estética del Egipto faraónico. Pedro Almeida Cabrera apunta a que el mobiliario empleado en la ambientación era también de gran impacto visual y muy contemporáneos para una sociedad un tanto anclada en lo clásico; aunque la puesta en escena fue bien acogida por el público y la crítica. De 1936 hasta su muerte, acaecida en 1938, su preocupación se centrará en los proyectos para el Parador Nacional de Tejeda, en las cumbres de Gran Canaria y el recinto de El Pueblo Canario...

Hoy en el Museo que lleva su nombre se custodia gran parte de la producción de Néstor; desde que quedara inaugurado en 1956 bajo plano de su hermano Miguel. El complejo, conocido como Pueblo Canario, es el exponente de un ideario pergeñado desde 1934, año en que regresa a Gran Canaria proveniente de París y en el que el artista desarrolla una campaña a la que titula Tipismo y que constituyó, en palabras propias: "...un programa de revalorización, de exaltación de la región, de la canariedad". Promotor de la reactivación de las tradiciones populares, como pintor se mantiene fuera de los folclorismos, para asomarse al mundo como un prestigioso artífice de índole internacional. Del que nunca negó Salvador Dalí que fue su fuente de inspiración para su conocido lienzo Pesca de los Atunes.

DANIEL MONTESDEOCA GARCÍA-SÁENZ
DIRECTOR GERENTE MUSEO NÉSTOR

Doctorando en historia del arte por la Universidad de Salamanca. Magíster en museografía y montaje de exposiciones por la
Universidad Complutense de Madrid. Experto por la Universidad de St. Andrews. Escocia.

Néstor en 1916 Néstor hacia 1914 Néstor hacia 1928 Néstor hacia 1929 Néstor pintando temas de flora en el Parque Doramas, Las Palmas de Gran Canaria, hacia 1929 Néstor circa 1932 Néstor circa. 1936 Museo Néstor